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Desde la trinchera

01 de enero de 2026 Lectura: 5 min 7 visitas
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Desde la trinchera 🪖🥷 

 EDITORIAL misional/021 / 

 Paraná, 01 de Enero de 2026- 09:30 hs 

Año nuevo, manguera nueva 

 Hoy es 1 de enero . La primera tarea doméstica del 2026 fue regar el pasto. Quince minutos antes de las 8:00 comencé a regar la zona verde —y no tan verde— del frente de casa. Una de las particularidades de nuestro barrio es la fuerte presión del agua. Usé la manguera extensible: pequeña y arrugada cuando está guardada, pero que al conectarla a la canilla se estira y se alarga, permitiendo que el agua fluya con potencia. Desde hace un tiempo tenía un agujero, y por allí se escapaba algo de agua; aun así, el riego seguía funcionando. El poder del agua nunca había faltado… hasta hoy. Cuando estaba terminando, el chorro fuerte de repente se convirtió en un hilito. La manguera se desinfló y el agua comenzó a salir por varios lugares, ya no por el pico. La manguera dejó de funcionar.

Entonces pensé: cambio de año, cambio de manguera.

Esto me llevó a reflexionar sobre los cambios de paradigma en los que estamos trabajando. Estamos hablando de la necesidad de volver a las bases. No se trata de cambiar el agua o la sustancia: las Escrituras . Tampoco de disminuir el poder del agua: el Espíritu . De lo que sí se trata es de cambiar la manguera, es decir, las estructuras. 

Muchos, al oír que hablamos de iglesias en casas, se asustan y piensan que estamos dividiendo la iglesia. No es así. Todo lo contrario. Lo que proponemos es cambiar el modelo, pasar a una estructura más sencilla, cercana y doméstica. Cuando la manguera se rompió, tuve que volver al balde. El agua no cambió, la presión no cambió; lo que cambió fue el medio de distribución.

Jesús, cuando vino a este mundo, pudo haberlo hecho de muchas otras maneras. Podría haber acelerado todo, aparecer a los 33 años, ir directo a la cruz y morir por nosotros. Incluso podría haber entrenado a los ángeles, que son mucho más inteligentes, creativos y eficaces que nosotros. Sin embargo, eligió vasos de barro para contener el agua de vida divina: el evangelio de la gracia. La “manguera” judía no funcionó para lo que Dios quería hacer. Él eligió baldes de barro. Y allí está la clave de la multiplicación: cambiar la manguera templocéntrica y movilizar muchos baldes que lleven el agua de vida a cada lugar de influencia.

La Biblia dice que la mies es mucha y los obreros pocos . Y esto sigue siendo cierto hoy. Aunque haya muchos templos, muchos ministerios, muchas páginas web, radios o propiedades, los obreros siguen siendo pocos. Y cuando el Señor dijo eso, no solo dio un mandato, sino que entrenó a sus discípulos para ir a las casas, a las familias, en busca del hombre de paz. Lo hizo cuando envió a los doce apóstoles y también cuando envió a los setenta y dos evangelistas.

Vale la pena detenerse y pensar en esto. Repetimos una y otra vez: “La mies es mucha, los obreros pocos; rogad al Señor de la mies que envíe obreros” , pero muchas veces dejamos de lado el entrenamiento que Jesús dio. ¿Por qué? ¿Acaso su mandato es universal, pero su forma de entrenar era solo cultural? ¿Con qué principio bíblico o hermenéutico explicamos que el pedido de oración sea para todas las épocas, pero que las casas de paz fueran solo para aquel tiempo?

La iglesia ha dedicado siglos a estudiar la química del agua de vida de las Escrituras ; a eso lo llamamos teología . También ha comprendido la necesidad de moverse en el poder del Espíritu , y de allí surgieron los movimientos de fe . Hoy, además, necesitamos reconocer que muchas estructuras —templos, programas, megaiglesias, salones tradicionales e incluso modelos institucionales— se han pinchado, y estamos perdiendo poder de manera preocupante.

No promovemos el desechar y destruir la manguera de los templos, sino repensarlos. ¿Es este el modelo original?

Es tiempo de volver a lo básico : a comer en las casas con alegría y sencillez de corazón, a compartir los bienes con los cercanos, a vivir el “dos o tres congregados en Su nombre”, a predicar en nuestro entorno, a practicar el “unos a otros”, dejando de lado el denominacionalismo y la movimientolatría. No lo olvidemos: estamos viviendo los tiempos finales… del fin de los tiempos (ya no sé qué término usar 😊). La pregunta es simple y profunda: ¿nos animaremos a salir del status quo, de nuestra zona de comodidad? En lugar de seguir reparando una manguera que ya no da más, cambiémosla. O mejor aún, usemos los baldes de la iglesia sencilla.

Ahora tengo que regar el patio de atrás. La manguera “sofisticada”, traída a domicilio hace más de dos años, ya está enrollada, lista para ser descartada. Voy a buscar el balde.

 La mies sigue siendo mucha, y los obreros siguen siendo pocos. 

¡Por menos mangueras y miles de baldes!

 Hasta la próxima soldado.

¡CAMBIO Y FUERA! 🪖🥷

Malaki
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