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El valor de los procesos

10 de enero de 2026 Lectura: 5 min 24 visitas

📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ 10/1/2026

SERIE: SÁBADOS DE CAMBIO ↩️🐓 

Título: El valor de los procesos

“Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.” Oseas 6:3

Introducción

Cada comienzo de año nos encuentra llenos de palabras grandes en motivación y aliento: cambio, nuevo, avance, conquista. Es casi instintivo. Ajustamos agendas, redefinimos prioridades, soñamos con un “después” distinto al “antes”. Sin embargo, entre el deseo de cambio y la realidad transformada hay un territorio que solemos subestimar: el proceso.

Queremos resultados rápidos, pero Dios trabaja con tiempos profundos. Anhelamos puertas abiertas, pero el Señor forma primero el corazón que sabrá atravesarlas.

Pedimos milagros visibles, mientras Él opera silenciosamente en lo invisible. La vida del creyente no se edifica con atajos de deseos y buenas intenciones; se construye siendo transformados por medio de procesos inevitables y diseñados por el Dios soberano.

El profeta Oseas habla a un pueblo desesperado por restauración, pero impaciente con el camino que esa restauración exige. Israel quería alivio inmediato, sin arrepentimiento genuino; sin sanidad integral, sin transformación; bendición, sin proceso. En ese contexto emerge esta frase que parece sencilla, pero encierra una profunda verdad indispensable para el desarrollo integral del creyente:

“Conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová”.

No es una invitación a un evento, sino a un camino. No es una promesa instantánea, sino un proceso progresivo. Dios no se revela de golpe; se da a conocer mientras caminamos con Él.

Oseas 6:3 se apoya en tres imágenes clave que revelan el corazón del pasaje:

1. “Conocer” – el verbo hebreo yadá no se refiere a información intelectual, sino a conocimiento relacional, íntimo, experiencial. Es el verbo que describe la relación del pacto.

2. “Proseguir” – radáf significa perseguir, insistir, continuar aun cuando hay resistencia. El conocimiento de Dios no se hereda: se alcanza por el ejercicio en la comunión integral no religiosa.

3. “Como el alba… como la lluvia” – imágenes de procesos inevitables. Nadie puede acelerar el amanecer. Nadie ordena a la lluvia caer antes de tiempo.

Ambos llegan cuando el ciclo está completo.

Oseas nos enseña que Dios no improvisa cambios, sino que los hace fluir como consecuencia desde procesos fieles y constantes.

I. Proceso: Dios obra maravillas en el proceso Vivimos obsesionados con el resultado. Celebramos el logro, el antes y el después, el testimonio final. Pero Dios pone su atención en el trayecto. Mientras nosotros contamos los días, Él forma el carácter. Mientras pedimos llegar, Él nos enseña a caminar. No hay avance no hay madurez a los saltos, sino a pasos firmes.

i. . Dios se revela gradualmente “Conoceremos, y proseguiremos en conocer…” No se trata de una revelación repentina, sino de un descubrimiento progresivo. Agustín de Hipona lo expresó con honestidad cuando dijo: “Si ya comprendiste, entonces no es Dios”. El Señor se deja conocer, pero tal conocimiento nunca se agota.

Moisés no conoció a Dios en una zarza solamente; lo conoció en cuarenta años de desierto. David no fue formado en el trono, sino en el anonimato del campo, cuidando ovejas que no eran suyas. José no entendió sus sueños en Génesis 37; los comprendió recién en Génesis 50, cuando pudo decir luego de un largo proceso en su vida: “Dios encaminó a bien lo que ustedes pensaron para mal”.

John Piper escribe que “Dios está más comprometido con nuestra santidad que con nuestra comodidad”. Por eso el proceso es largo: porque la obra es profunda.

ii. El proceso revela nuestras verdaderas motivaciones Cuando el cambio tarda, el corazón queda expuesto. Israel quería a Dios por lo que daba, no por quien Él era. Por eso Oseas confronta una fe superficial, emocional, momentánea. El proceso separa la fe verdadera de la fe utilitaria.

Dietrich Bonhoeffer, escribiendo desde la sombra del nazismo, afirmó: “Cuando Cristo llama a un hombre, le ordena que venga y muera”. No morir de una vez, sino cada día. El proceso nos mata lentamente… para darnos vida verdadera.

Dios no apura lo que debe madurar. El proceso no es una demora; es una misericordia. En el camino aprendemos a conocer no solo a Dios, sino también nuestro propio corazón.

II. Perseverancia: avanzar cuando no vemos lo esperado “Y proseguiremos…” No siempre con emoción, pero sí con fidelidad. Perseverar no es sentir ganas; es decidir permanecer. La fe bíblica no se define por intensidad, sino por constancia.

i. La perseverancia transforma lo invisible Jesús dijo que el Reino es como una semilla que crece “sin que el sembrador sepa cómo”. Nadie aplaude la semilla bajo tierra. Nadie celebra la raíz que se estira en la oscuridad. Pero sin ese proceso oculto, no hay fruto visible.

La caída del Muro de Berlín en 1989 fue celebrada como un evento histórico repentino. Un golpe, un ladrillo cayendo. Pero detrás hubo años de procesos: resistencia pacífica, desgaste ideológico, cambios internos, oración de hermanos ocupados por quienes estaban padeciendo. El golpe final solo fue posible porque el proceso ya había hecho su obra.

Así también en la vida espiritual. El día que algo “cae” desprendiéndose del corazón, es porque Dios ya lo ha estado trabajado por dentro.

ii. Perseverar cuando Dios parece silencioso “El alba está dispuesta su salida”. El amanecer no hace ruido, pero es inevitable. Lutero decía que “Dios obra incluso cuando parece estar ausente”. Perseverar es confiar en el alba antes de que el cielo se aclare.

Billy Graham solía decir que la fe es dar el próximo paso aunque no veas toda la escalera. Perseverar es seguir caminando aun cuando el paisaje no cambia.

III. Propósito: nada del proceso tiene desperdicio Dios no rellena tiempo; redime historias. Cada etapa tiene sentido, incluso aquella que no entendemos. El proceso no es un paréntesis: es parte del propósito.

i. Dios usa el proceso para formar carácter La lluvia temprana (yóreh) preparaba la tierra; la tardía (malqósh) maduraba la cosecha. Ambas eran necesarias. Así también en la vida: hay procesos que preparan y otros que perfeccionan.

Charles Spurgeon escribió: “No temo a la tormenta que sacude el árbol, sino a la calma que pudre sus raíces”. El proceso fortalece lo que el éxito rápido debilita.

ii. El propósito se revela con el tiempo John MacArthur afirmaba que la madurez espiritual no se mide por cuántos años llevamos en la fe, sino por cuánto hemos permitido que la Palabra nos transforme. El propósito no se impone; se revela.

Luis Palau decía que Dios no busca cristianos espectaculares, sino fieles. Y la fidelidad se aprende en procesos largos.

Nada fue en vano. Nada se perdió. El propósito de Dios incluye incluso aquello que hoy no comprendemos. 

Conclusión

Comenzar un nuevo año no es cambiar de página, sino seguir escribiendo la misma historia con mayor profundidad. Dios no borra capítulos. El cambio que anhelamos no llegará por un salto de fe aislado, sino por una caminata diaria con Dios.

“Conoceremos, y proseguiremos en conocer…” No hay prisa. Como el alba, Él llegará. Como la lluvia, Él obrará. Y cuando miremos atrás, entenderemos que el proceso no fue el obstáculo, sino el regalo.

Como dijo Agustín de Hipona: “Dios nos ama tal como somos, pero nos ama demasiado como para dejarnos así”.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12: 1 a 3 

Nelson Gallitto

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