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Sabados de Cambio -El sueño de los inmaduros

07 de febrero de 2026 Lectura: 5 min 25 visitas
¿Cómo tener una vida fructífera debajo del Sol? 🍇

📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO


🗓️ 7/2/2026


SERIE: SÁBADOS DE CAMBIO ↩️🐓 


Título: ¿Cómo tener una vida fructífera debajo del Sol? 🍇


¿Te lo has preguntado? 

Yo sí, yo me he preguntado esto. 

¿Cómo puedo hacer para que mi vida cristiana dé frutos.? 

Tal vez te has preguntado cómo tener una vida madura, dulce para el Señor, sin agotarte, claro, en el intento.

Sabes, muchas veces me sentí frustrado en mi esfuerzo por agradar a Dios. Pero acompáñame durante los siguientes minutos y te pido que si tienes a mano busques papel y lápiz, busca una Biblia, pero por favor, sobre todo presta mucha atención, porque puede ser que experimentes el cambio que tanto has estado buscando.

Hola queridos hermanos y hermanas, quiero darles la bienvenida a este nuevo sábado de cambio. Soy Gerwuer y estoy muy contento de estar con todos ustedes.

Hoy quiero compartirles una reflexión que ha estado ardiendo en mi corazón, luego de pasar un tiempo leyendo el Evangelio de Juan. 

Hace un mes, justamente que comencé un plan de 52 semanas para recorrer este evangelio precioso con calma, usando un método sencillo que he llamado: 

TIEMPO de OLMO 🌳 . 

Y básicamente es un tiempo para echar raíces en la palabra de Dios. La idea es apartar un tiempo para Orar, Leer, Meditar y sí, por supuesto, Obedecer. 

Así que aplicando ahora este método, ¿qué les parece si oramos y decimos como el salmista:

Señor, abre mis ojos y podré ver las maravillas de tu ley. 

¿Oramos? 

“Padre Santo, Señor nuestro, te damos gracias por este tiempo y te pedimos que nos ilumines el entendimiento. Ayúdanos a meditar en tu Palabra, que lo que leamos pueda obrar en nuestro corazón. 

Te lo pedimos en el nombre de Jesús.” 

Amén. 

El siguiente paso es Leer primero orar, luego leer. Así que busca: Juan capítulo 2, versículos 23 al 25. 

Yo justo ahora estoy terminando de leer el capítulo 2 de Juan, donde dice lo siguiente:

“Estando en Jerusalén, en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él, viendo las señales que hacía. 

Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos porque conocía a todos y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.”

Eso dice Juan capítulo 2, versículos 23 al 25. 

Ahora, luego de leer, nos detenemos a meditar o reflexionar. Y aquí te recomiendo tomar notas. Tal vez volver a escribir la misma cita, reflexionar, pensar qué es lo que Dios nos está diciendo.

Claramente en estos versículos Juan está diciendo que Jesús no se dejaba impresionar por la buena apariencia, por la imagen o por la conducta religiosa. Siendo Dios, él sabía perfectamente el estado del corazón de cada ser humano.

Y él conoce el estado de tu corazón, de mi corazón. Es así. 

¿Sabes? Jesús es el mismo Dios que en el jardín del Edén. buscaba al hombre y lanza esta pregunta penetrante:

¿Dónde estás tú? 

No es porque él no lo supiera, claro, sino más bien porque el mismo hombre no lo sabía. 

Y yo me pregunto: ¿sabes tú realmente dónde estás? ¿En qué posición te encuentras delante de Dios? 

Debo decir que el Señor me ha impactado profundamente con su palabra, y también con una frase que leí hace poco, atribuida a un miembro del grupo de los hermanos allí por el siglo XIX, un expositor bíblico llamado Frederick William Grant. La frase original está en inglés, pero traducida al español dice algo así:

“La fruta más madura es la que ha pasado más tiempo expuesta al sol.”

Frederick William Grant.(1834-1902) 

Lo que este hermano Grant nos intenta decir es que la fruta no madura simplemente por el paso del tiempo, sino por su exposición constante a la luz y al calor del sol. 

Del mismo modo, se puede afirmar que el carácter de un creyente se perfecciona al habitar en la presencia de Dios, al pasar tiempo con Dios. Y en lo personal, la frase de este hermano, yo considero que es muy simple, pero se entiende con tanta claridad. Sus palabras me llevaron a pensar directamente en Juan. 

Todos conocemos Juan capítulo 15, donde Jesús dice: yo soy La Vid, yo soy la Vid verdadera y mi Padre es el labrador. Permanezcan en mí y yo en ustedes. 

Jesús dice: “Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, sino permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 

Y en este mismo pasaje, Jesús también dice, en esto es glorificado mi padre, en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos.” 

Hermanos, no se trata de que nosotros fabriquemos los frutos. Más bien se trata de que Jesús, La Vid, los produzca en nosotros. 

Piensen en esta planta. Piensen en la vid. Las uvas más dulces, jugosas y listas para ser cosechadas son aquellas que han permanecido unidas al tronco principal y han recibido por más tiempo, la luz del sol. No son las plantas o los racimos que están escondidos en las sombras, sino las que han permanecido a la luz, recibiendo el calor del día.

Pensemos una vez más en lo que esto nos quiere enseñar. Te repito lo que mencionaba la fruta más madura, es decir, la vida que realmente glorifica a Dios el Padre no viene de nuestro esfuerzo desesperado, frenético, sino de permanecer mucho tiempo colgado en la vid, recibiendo la sabia, expuestos al sol de justicia, que es Cristo. 

Sí, mi hermano. Jesús es la luz que da vida y madurez, pero al mismo tiempo Jesús es la Vid. Para llevar frutos, tenemos que permanecer en él y solo en él. Porque como él dijo fuera de él, separados de él, nada podemos hacer.

Ahora, déjenme contarles por qué esto me tocó tan profundamente. 

Durante muchos años, yo viví tratando de ganarme la aprobación de Dios. Cumplía, si, con los rituales, iba a la iglesia, asistía cada domingo, oraba, repetía las oraciones que me habían enseñado y hacía lo que se esperaba de un buen cristiano, o por lo menos intentaba. 

Era como aquellas personas que en el tiempo de Jesús subían en procesión hacia el Templo en Jerusalén para celebrar la Pascua. 

Sí, y algunos lo hacían por convicción. Otros por conveniencia o por guardar la apariencia. Yo lo hacía un poco por obligación, no sé, por la conciencia, quería ir. Tenía intenciones de crecer, de conocer, pero bueno. Yo intentaba producir los frutos que a Dios le agradan, pero todo lo hacía con mis propias fuerzas. ¿Y saben qué? El resultado era siempre el mismo. Me sentía agotado, frustrado, no producía los frutos que a Dios le agradan.

Era yo tratando de hacer lo que solo Jesús puede hacer en mí. Y les aseguro que esto agota, desanima, cansa. Y fue muy duro para mí, hasta que llegó el día liberador en que entendí la gran verdad:

No se trata de que yo me esfuerce por vivir la vida de Cristo. Se trata de permitirle a Cristo que viva su vida en mí. 

Ahí recordé aquellas palabras de Juan el Bautista cuando dijo:

“Es necesario que él crezca y que yo mengüe.” Juan 3:30

O como a mí me gusta decir, es necesario que él crezca y que yo desaparezca. 

La realidad, es necesario que se vea Cristo y no que me vean a mí.


Hay algo más que me tocó de manera especial mientras leía el evangelio de Juan, y es aquel momento en que Juan el Bautista señala a Jesús y dice: “He aquí el cordero de Dios.”

Permíteme que lea el pasaje. Si lo quieres buscar está en Juan capítulo 1:35 al 37 y dice así:

“El siguiente día otra vez estaba Juan y dos de sus discípulos y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: «He aquí el Cordero de Dios.» 

Le oyeron hablar los dos discípulos y siguieron a Jesús.”

¿Saben qué es lo que me impactó de este pasaje? Bueno, que fueron muchos los que en aquel tiempo escucharon a Juan, a Juan el Bautista, diciendo estas palabras. Pero tan solo dos de sus discípulos las escucharon, las entendieron, las creyeron y actuaron, las pusieron en práctica. 

De alguna forma, digamos, obedecieron, no se quedaron solo con oír. Ellos tomaron una decisión, dejaron a Juan, dejaron lo que hasta entonces habían seguido y comenzaron a seguir a Jesús. 

¡Es magnífico! me encanta. Siguieron a Jesús. Fue un punto de quiebre para ellos, una decisión radical. dejaron atrás lo viejo para seguir a aquel que es la vida misma.

Amigos: una fe que no nos mueve a la acción, que no nos acerca Jesús y a su palabra, no es fe. Es tan solo religión o tradición. 

Permítanme contarles que yo también un día escuché a un hombre llamado Juan que me señaló a Jesús. Y la verdad no fue fácil para mí aceptar las cosas que él me decía, pero finalmente hice lo mismo que aquellos dos discípulos y comencé a seguir a Jesús. Sí, es verdad que algunos en mi familia se molestaron, otros no me entendieron. Y tal vez a más de uno de ustedes les esté pasando algo parecido.

Tal vez tu familia, tus amigos, incluso tus hermanos en la fe no comprenden por qué estás tomando estas decisiones o haciendo algo. ¿Por qué estás dejando ciertas tradiciones o tus formas comunes de buscar una relación con Jesús. Pero ese es precisamente el cambio que necesitamos.

Déjame que te diga algo duro, pero verdadero: 

La religión, sin tener una conexión viva, real, genuina con Cristo, no produce absolutamente ningún fruto verdadero. 

Durante mucho tiempo fui como esas plantas de plástico, allí en una maceta. Tienen una buena apariencia, pero son incapaces de producir frutos porque no tienen vida real.

Y nosotros podemos tener un buen aspecto religioso a la vista del mundo. Caminar con la Biblia debajo del brazo, pero si la vida de Cristo en nuestro interior no es real, si no la tenemos, es imposible que demos los frutos que agradan a Dios. 

La vida religiosa, por más devota que sea, sin una relación genuina con Cristo, no puede producir ningún fruto. Y no se trata de cambiar de religión, entiéndanlo bien, no se trata de cambiar de iglesia. Se trata de estar injertados a Cristo y que su vida corra por nosotros. 

Hoy, en este sábado de cambio, mi deseo es invitarte a un verdadero tiempo a la luz del sol. Que pases tiempo a solas con Jesús, escuchando su voz en su palabra, que permanezcas en él como esa uva que cuelga en la vid expuesta al sol. 

Mi deseo es que apliques lo que escuchas, no solo que escuches, sino que obedezcas. Como aquellos dos discípulos que dejaron todo para seguir de cerca a Jesús. 

No se trata de más esfuerzo humano, se trata de permanecer, de dejar que la luz de Cristo nos transforme día a día. Cuando lo hagamos, el fruto vendrá naturalmente. Amor, gozo, paz, paciencia, una vida que glorifica al padre.

Si permanecemos en Jesús, daremos mucho fruto. Porque como él dijo separados de mí, nada podéis hacer. 


Te invito a orar junto conmigo. Habla con Dios y dile algo así.


“Padre amado, ayúdame a entender con claridad lo que me quieres decir en tu palabra. Te ruego que vengas y vuelques las mesas si es necesario. Señor, yo sé que duele, pero si es necesario. Te ruego que sacudas el látigo. Prefiero que me podes ahora. Prefiero sentir tu corrección ahora. si eso hará que luego pueda llevar los frutos que te agradan. 

Obra en mi vida un cambio, Señor. Lo deseo, lo necesito. Dame de tu gracia para permanecer en ti. 

Quiero estar expuesto a tu luz, Señor, hasta que mi vida madure, hasta que se pueda ver en mí tu presencia. 

Quiero que tú aparezcas y que yo desaparezca. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén. 


Queridos hermanos, que el Señor los bendiga abundantemente. 

Los abrazo con el alma. Y gracias por su atención. 

Hasta pronto.


Gerwuer ⛵️

(German E. Wursten Elmer)

Malaki
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