📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Martes,10/2/2026
SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa
EP#2 Mesa de Misericordia
📖 Lectura: 2 Samuel 9
🏜️ Esta es una mañana típica en Lodebar. El pronóstico para hoy, es el mismo que todos los días por los últimos 20 años: viento desolado, sol insoportable, tierra seca volando por todos lados. Mefiboset mira desahuciado desde su camastro hacia el patio de afuera. Todos sus días son iguales. La tierra agrietada no produce nada. El ruido del hambre es casi una melodía constante. Es que Lodebar significa “Sin pastos” “Sin palabras” “Sin ninguna cosa” Maravilloso lugar para pasar unas vacaciones ¿Verdad? ¿Y qué me dices de vivir allí unos años? Mefiboset perdió a su familia, perdió su salud, su medio de ganarse la vida y terminó viviendo en ese lugar que era la nada misma. Vivió cerca de 20 años en una tierra donde no crecían ni el pasto, ni las palabras, ni la esperanza. No podía salir de allí. El era descendiente de Saúl y creyó que si lo encontraban querrían matarlo. ¿Pero qué diferencia hay entre vivir así y la muerte? Pensaba él todos los días. Cuando tenía 5 años, su niñera huyó con él y mientras corrían a prisa, se le cayó el niño y quedó lisiado de ambos pies. Terminó en Lodebar y allí, ni siquiera encontraba palabras para expresar lo que sentía.
📜 Pero este día no sería típico como anunciaba el pronóstico. A lo lejos, como un espejismo en el desierto, se ve llegando una escolta del rey. Mefiboset no quiere vivir así, pero tampoco quiere morir. Se le hace un nudo en el estómago. Quiere huir, pero no puede moverse. “El rey te llama” le dicen. Los guardias lo toman y se lo llevan. Mefiboset se presenta frente a David. Tiembla de miedo, ha llegado su fin, piensa. Ya está postrado, pero se inclina todavía más.
👑 El rey lo saluda. Le da palabras de paz. “Tranquilo Mefiboset, no tengas miedo, te he traído a casa porque quiero mostrarte mi misericordia”. Él rompe en un llanto desconsolado. “No lo merezco” exclama. “¿Quién es este perro muerto para que le muestres misericordia?” El rey levanta su mano y llama a su siervo “Devuélvanle todas las pertenencias y las tierras de sus antepasados. Encárgate de sembrar y cultivar la tierra para él” Mefiboset no puede creerlo, hasta ayer vivía en el paraje mas desolado y triste y ahora, era un heredero. Hasta ayer vivía entre el silencio y la angustia, pero ahora el rey le da palabras que lo restauran. David sigue hablando “Quiero que comas a mi mesa todos los días de tu vida, como si fueras uno de mis hijos” Mefiboset no sale de su asombro. De la necesidad extrema, ahora se le servía una mesa abundante, con música, con charlas y por si eso fuera poco: una mesa donde estaba el mismísimo rey.
🤕 Qué imagen maravillosa de lo que pasa en nuestras vidas. Al huir lejos de Dios, hemos caído y nos hemos lastimado. Quedamos lisiados con el pecado propio y ajeno. Terminamos viviendo escondidos de Dios, en un lugar donde no crece nada bueno, ni hay palabras, ni se asoma la esperanza. Hemos terminado en el desierto de nuestras vidas. Todo lo que parece saciarnos es un espejismo que pronto se desvanece. Quizás, quien debía cuidarte en la vida, te dejó caer. Te sentiste herido, traicionado, indigno. Has estado mendigando por la vida, mirando por la ventana, anhelando estar mejor. Has estado errando por la vida, lisiado del corazón, lastimado por dentro.
¿Qué te llevo a Lodebar? El rey te está llamando a su mesa. Y ésta, no es una mesa cualquiera. Es la mesa del perdón. De la restauración. De la misericordia. A diferencia de David, Jesús no manda a otro a buscarte, ha descendido Él mismo para salvarte. Ha recorrido los mismos caminos, ha golpeado la puerta de tu corazón y te invita a comer con él. (Apocalipsis 3:20) En esta mesa, Él te da sus palabras de vida. En esta mesa el restaura lo que pasó. En esta mesa te cuenta su esperanza gloriosa de la eternidad. En esta mesa, el ruido del hambre tu alma es saciado por completo. Si aún no le has abierto la puerta de tu corazón a Jesús ¡Es hora de salir de Lodebar, el rey te llama! Y si ya lo has hecho, disfruta hoy del banquete mirando al que está sentado a la cabecera: el mismísimo Rey de Gloria.
Rocio Delgado