📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Martes, 17/2/2026
SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa
Ep#7 Mesa de Esperanza
📖 Lectura: Lucas 24:13-34
Dos seguidores de Jesús caminan a paso lento. Se están yendo de Jerusalén, la ciudad de paz. Ya no tienen nada que hacer allí, piensan. Jesús ha muerto, y con él todas sus esperanzas y sus proyectos. Emaús significa primavera templada, tibieza. Y para allá caminan, están volviendo a su rutina a la tibieza de siempre.
😔 Mientras hablan, Jesús se aparece y comienza a caminar con ellos. Después de todo lo que han vivido en los últimos años, podría arrancar esta charla con un buen reto. Pero no lo hace, los deja hablar: “¿Qué les pasa? ¿Qué es esto que vienen discutiendo tan profundamente por el camino? ¿POR QUÉ ESTÁN TAN TRISTES?.”
✡️ En una serie de intercambios, responden con sus rostros cargados de tristeza. Describen a Jesús usando su nombre y una serie de títulos: Un hombre, un varón profeta, poderoso en obras y poderoso en palabras. Siguen, contando que murió hace tres días y que aun que unas mujeres dicen que resucitó, nadie mas le ha visto. Por eso, es que están tristes. Es que él era el que iba a redimir a Israel y ahora, nada de eso ocurrirá.
Con razón están tristes. Han seguido a Jesús por las razones equivocadas. Les gustaba escucharlo hablar, Jesús siempre dice palabras hermosas. Les gustaba ver los milagros, Jesús siempre hace grandes obras. Les gustaba pensar que Jesús solucionaría la política de su país, Jesús verdaderamente tiene el poder para hacerlo.
Sí, lo han seguido por las razones equivocadas, y quizás tú, que estas escuchando esto, estás camino a Emaús porque lo has seguido de la misma manera. Esperando un milagro, queriendo escuchar palabras bonitas que te hagan sentir bien, pidiendo algún favor, rogando que la cosa cambie. Y, no me malinterpretes, JESÚS PUEDE HACERLO TODO. Pero eso no es a lo que él vino. Cuando estamos tan enfocados en el aquí y el ahora, nos olvidamos de lo mas importante: lo eterno. Es que Jesús vino para ser tu Señor y Salvador. El vino a morir por tus pecados y los míos. Vino a pagar el precio que nosotros jamás podríamos afrontar. El vino para rescatarnos de la muerte eterna. Vino para llevarnos a una eternidad de plenitud total. Por eso ten cuidado con las palabras que usas para describirlo. ¿Quién es Jesús para ti? ¿Es acaso sólo un buen hombre que dio lindos consejos? O tal vez, es sólo un proveedor de lo que necesitas. Hasta que Jesús no sea tu Señor y Salvador tu vida seguirá en la rutina de la tibieza espiritual. Pídele salvación, el quiere dártela. Pídele que sea tu Señor. Él quiere gobernar tus anhelos.
Jesús responde a cada título otorgado, respondiendo con una verdad que ha estado siempre en las escrituras. Y es que desde Génesis hasta Apocalipsis hay un hilo dorado conductor de la narrativa: Él ha venido a morir para rescatarnos de la esclavitud del pecado. Morir, era parte del plan. Era la única manera de derrotar a la muerte.
Al llegar a la aldea, Jesús hizo como que iba más lejos, le pidieron que se quede y el aceptó. Entró en ese hogar, se sentó a la mesa, partió el pan, lo bendijo y cuando se los dio, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Se miraron entre ellos “!Con razón ardía nuestro corazón al escucharlo!” En menos de una hora recorrieron los 11 kilómetros que distaban de Jerusalén. Al encontrarse con los discípulos, todos comparten las noticias: “EL SEÑOR ha resucitado!”
😀 Si en tu mesa de tristeza y desilusión, se sienta la esperanza en persona, saldrás de allí corriendo a contar las buenas noticias. Esta mesa tiene al pan de vida como centro. Ninguna necesidad queda insatisfecha ante su presencia. No hay milagro, palabra o escenario favorable que el gane a la presencia misma de Dios en tu casa.
Recuerda mi querido amigo, incluso cuando el desánimo se ha apoderado de tu alma, Él no te abandona. Se acerca a ti en las penumbras de tus días duros, camina contigo, te pregunta por tu dolor, te escucha hasta que tu dolor deja de ser, te acompaña a casa, se sienta contigo a la mesa y resuelve darte un pan que sacia tu alma. ¡Gracias Señor bendito porque nunca respondes a nuestras dudas con desprecio, a nuestra tibieza con distancia o a nuestros fracasos con silencios! Oh Señor, sentada hoy a esta mesa, quiero verte. ABRE MIS OJOS. Quiero escucharte mientras me paseas por las escrituras y me cuentas el propósito de tu venida. Quiero que mi tibieza desaparezca mientras mi corazón arde por dentro al oírte. Que el propósito de tu venida inunde mi vida de esperanza en esta mesa y me haga correr a contarle a otros. Amén.
Rocio Delgado