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Mesa de vergüenza

20 de febrero de 2026 Lectura: 5 min 14 visitas

📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ Viernes, 20/2/2026

SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa

Ep#10 Mesa de vergüenza 


📖 Lectura: Génesis 25:27–34


El día en el campo es siempre agotador. Pero este día en particular parecía que todo salía mal. Esaú corrió como nunca pero parecía que nunca podía alcanzar a sus presas. Eso era raro. Él, era diestro y ducho para estas labores. Pero justo hoy parecía no atinarle a los tiros. Todas las presas salían ilesas de sus manos. Persiguió cada una hasta el cansancio. Pero TODAS parecían escapar con facilidad. Como si un poder divino las guardase de caer. 

Hacia el ocaso del día y viendo que ya no podía continuar, decide volver a casa. 

Al acercarse a las tiendas siente el aroma de su plato favorito: el guiso rojo que tan bien le salía a su hermano Jacob. Entra a su tienda y le ruega que le dé una porción. 

Pero su astuto hermano negocia el plato como el mejor vendedor de la historia: "Dame tu primogenitura y yo te doy este delicioso guiso". 

A Esaú le crujían las entrañas. Moría de hambre. Y el derecho a la primogenitura recién podía ser disfrutado cuando el padre muriese. ¿Cuantos años más podía seguir vivo? ¿Para qué quería ese derecho si era un papel que aún no podía  usar? 


"Trato hecho" respondió. Y luego se lo juró. 

Esaú se sentó a esta mesa de engaños sin entender lo mucho que le saldría. Devoró cada bocado con avidez. Este plato saciaba su ser de una manera que no se puede describir con palabras. Cada sabor se mezclaba en su boca produciendo un sin fin de emociones. Quienes aman la comida o quienes han pasado hambre, entienden bien al inexperto Esaú. 

Mientras moja el pan en el último recoveco de salsa roja y mastica su última porción, se desata un poco el cinto que ajustaba su vientre. Cierra sus ojos y se relaja frente a un fuego que arde con potencia. 

Se reclina hacia atrás y se dispone a dormitar. Piensa que nada ha cambiado para él. ¡Que equivocado que está!


Un tiempo después, cuando es hora de recibir su primogenitura y su bendición, es engañado de nuevo por su hermano. Justo ahí, se da cuenta de lo que ha hecho. Recién ahí cae sobre él, LA CULPA. Lo fulmina como un rayo que lo golpea y lo sacude. Esa mesa de engaños se ha transformado en una mesa de vergüenza. Los pensamientos coherentes recién ahora vienen a su mente. Esaú entra en el frenesí que le produce su error. Se agita. Lanza un grito fuerte lleno de amargura. “¡Bendíceme a mi también, te lo suplico!”


😭 Esaú fue víctima de un deseo voraz. ¿Sabes cuantas noches lloró por su error? 

¿Tenes idea de las lágrimas que derramó por haber amado más un simple guiso, que una bendición celestial? 

¿Sabías que procuró con lágrimas deshacer su error? *Hebreos 12:17 

¿Te imaginas el dolor y la vergüenza que sentía frente a su padre? 


Sentado a la mesa de la vergüenza, Esaú llora por su error. En el menú de comidas que ofrecía el enemigo, la más cara fue el fruto prohibido que ordenaron Adán y Eva. 

Pero el segundo menú más caro de la historia fue éste y se sigue sirviendo en todas partes y a toda hora. 


👷🏻‍♂️ Quizás te preguntas qué tiene que ver con tu vida y con la mía. !Oh! Cuantas veces nos hemos sentado en esta mesa de vergüenza, en la que comemos desaforados, una oferta irresistible, pero que termina destruyéndonos por dentro. 

¿Sabes la cantidad de cosas que el enemigo ofrece a cambio de abandonar bendiciones del cielo? 

Te cambia tu virginidad por una noche de pasión. Despertás junto al fuego, consumido por la culpa, queriendo volver atrás... Y SIN POSIBILIDAD de hacerlo. 

Te cambia tu santidad por una película que corrompe tu mente y arruina tu corazón y tus noches. 

Satanás te ofrece una ganancia deshonesta , jugosa, irresistible, a cambio de tu testimonio. 

Te cambia horas de trabajo por la comunión con tus hermanos. 

Te ofrece popularidad a cambio de tus valores. 

Te ofrece noches divertidas a cambio de días sin sentido. 

Te ofrece entretenimiento continuo a cambio de toda tu atención. 


🫕 Cada vez que él te ofrezca un bocado, pensá en el resultado. No vaya a ser que por un simple guiso vivas avergonzado frente al Padre. 

No sea cosa que entregues tus posesiones más valiosas por simples ratos de saciedad. 

No sea que por sentarte a esta mesa tentadora, alguien más se lleve tu bendición. 


Hoy oro por vos, que lees esto... ¡Para que seas sabio al elegir la porción de comida de cada día! 

Amén!! 


Rocio Delgado


Malaki
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