📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ 11/4/2026
SERIE: SÁBADOS DE CAMBIO ↩️🐓
Título: Tiempo de cambio
Hola, es un gusto para mí poder compartir con ustedes, en este sábado de cambio, esta reflexión que Dios puso en mi corazón.
La agrupación de rock uruguayo “La Vela Puerca” compuso una canción llamada “El Viejo”. En esta se describe con crudeza e ingenio la vida de un personaje, comenzando desde su infancia hasta su vejez. Se trata de un niño que creció con el amor de su madre, pero que al llegar a la adolescencia comenzó a conocer y a gustar de los placeres que ofrece la calle, hasta llegar a perderse completamente en ellos. La triste historia retrata finalmente a un viejo, alcohólico, que vive en la calle, sin un rumbo a seguir.
Este relato, sin dudas nos resulta familiar. Todos conocemos o hemos escuchado historias similares. Personas que lo han perdido todo, al ser esclavizadas por algún vicio, o por haber tomado malas decisiones, acarreando así su propia ruina.
Dice el salmista en el Salmo 90:12 “Enséñanos a entender la brevedad de la vida para que crezcamos con sabiduría.” (NTV)
El clamor del salmista nos muestra que hay una necesidad de aprender, de ser enseñados por Dios, para poder transitar nuestra vida de una manera más sabia. Alcanzando así un estado de madurez, de plenitud en nuestro ser interior y en nuestras relaciones con el Padre y con los que nos rodean.
Por otra parte, no podemos desconocer que es Dios mismo quien inspira al salmista a dejar plasmada esta expresión en su libro santo. Y de esta manera, instarnos a cada uno a buscarle, porque quiere revelarse a nosotros. Su propósito, según estas palabras, es que podamos entender lo fugaz de esta vida. Como dice el apóstol Pedro: “Los seres humanos son como la hierba, su belleza es como la flor del campo. La hierba se seca, y la flor se marchita…”
Ahora, entender lo breve de esta vida nos permite contraponerlo con la realidad de lo eterno, Su poder y Deidad se hacen claramente visibles en nuestra vida. El se manifiesta en lo terrenal, en lo cotidiano y le brinda un sentido trascendente a nuestra existencia.
Qué importante es para nosotros, queridos hermanos, meditar continuamente en esta verdad, para volver a hacer foco y reordenar cada aspecto de nuestra vida. Crecer en sabiduría es aprender a dejar en un segundo plano muchas cosas por las cuales luchamos y nos desgastamos. Cuántos deseos que queremos conquistar, sean lícitos o no, nos llevan a sufrir noches de insomnio, dolores de cabeza o ansiedad.
Sin darnos cuenta que al alcanzarlos solo nos regalan unas gotas de placer, pero rápidamente la botella se vacía trayendo más dolor y frustración.
Cuán necesario es llegarnos continuamente a la presencia del Dios eterno, para que Él renueve nuestra comprensión de la vida, y así poder afrontar los momentos de dolor, enfermedad y perdida con gozo y esperanza.
En un fragmento de la canción citada al inicio, se describe lo siguiente:
“Después de las juventudes, cansado de tropezar
Se busca una buena esposa y catorce horas pa trabajar
Pero algunos pajaritos no se pueden encerrar
Se le va apenando el alma, de pronto ya no quieren cantar”
Es interesante el planteo sobre la vida que acá se retrata. La juventud es caracterizada por el placer y los excesos. La adultez marcada por la rutina de la familia, y el trabajo como una cárcel, casi como una condena a cadena perpetua. Ahora, a los que no están dispuestos a madurar, les espera un camino aún peor, lleno de penas y desventura, tal como termina el personaje de esta historia.
Esta cosmovisión de la vida, nos recuerda a las palabras de Salomón en el libro de Eclesiastés. Este rey se ha cansado de probar cuantas cosas propuso en su corazón, pero al final del camino logra darse cuenta de que nada tiene sentido. Todo su esfuerzo era como perseguir el viento, todo lo que se hace de bajo del sol es vanidad.
Pero volviendo a las palabras del salmo 90, unos versículos más adelante, en el verso 14 leemos lo siguiente:
“Sácianos cada mañana con tu amor inagotable, para que cantemos de alegría hasta el final de nuestra vida. (NTV)”
El salmista continúa mostrándonos un tipo de vida diferente, donde el gozo, la felicidad no está atada a lo que este mundo nos pueda entregar. Es en esta clase de vida, en la cual podemos disfrutar plenamente hasta el final de nuestros días.
El plan es ser llenos del amor de Dios, y la buena noticia es que ese amor es inagotable. Está ahí, disponible para nosotros, solo tenemos que buscarlo cada mañana.
En el versículo 16 continúa haciendo la siguiente petición:
“Permite que tus siervos te veamos obrar otra vez, que nuestros hijos vean tu gloria.” (NTV)
Sin lugar a dudas, todos los que somos de Cristo, los que le hemos recibido en nuestro corazón, un día experimentamos su poder transformador y gozamos al experimentar su poder obrando en nuestra vida. Pero muchas veces en nuestro caminar, somos propensos a olvidar sus beneficios, a desviar nuestros pasos y corrernos del centro de la voluntad de Dios. En muchos casos, esta dinámica negativa convierte a las personas en profesionales de la fe, quienes cumplen con determinadas reglas y obligaciones. Podemos llenar nuestras agendas de actividades, formar parte de diferentes ministerios, sin perdernos ninguna de las reuniones y pensar, al igual que los laodicenses, que somos ricos en obras. Pero el Señor se encuentra ausente, esperando del otro lado de la puerta.
Sin la presencia de Dios actuando, la vida cristiana se vuelve vacía y al igual que en el ejemplo de la canción, la religiosidad termina siendo otra pesada carga, una cárcel sin sentido, prisionero de aparentar algo que no es real.
Por esto el salmista dice “permite que veamos tu obrar otra vez” le está pidiendo permiso a Dios. Esto nos recuerda que su intervención es por pura gracia, no hay manera de manipular su participación en nuestras vidas y ministerios.
En nuestro servicio cristiano, cuántas veces nos encontramos con personas que escuchan el mensaje del evangelio una y otra vez pero cierran su corazón, otros recibieron la palabra con gozo, en los cuales hemos invertido tiempo y dedicación, pero después de un tiempo se vuelven atrás. Cuantos tiempos de charlas, consejos dados, momentos compartidos que parecen tirados a la basura. En muchas oportunidades, ante estos fracasos nos preguntamos, que puedo hacer, que estrategia usar para hacerle recapacitar, que hicimos mal para que la persona se aleje de Dios.
Sin embargo, el apóstol Pablo nos recuerda, que la obra no es del que siembra o el que riega, la obra es de Dios.
Por esto solo nos queda decir al Señor: Danos permiso para experimentar tu poder, derrama tu gracia, que podamos ver tu gloria en nuestras vidas y en nuestro servicio a ti.
Solo Él tiene poder para cambiar historias como las del personaje de esta canción. Personas que están perdidas, esclavas del pecado y sin un propósito para vivir. Hasta que se encuentran con Jesús y experimentan su poder sanando sus corazones y restaurando las vidas.
En esta mañana podemos finalizar este pensamiento clamando: Señor, enséñanos a ver la vida como tú la ves, sácianos de tu amor inagotable y permite que hoy te veamos obrar otra vez, que veamos tu gloria. Manifiesta tu gloria en medio de tu iglesia para que el mundo crea, amén.
🪶 Gabriel Aparicio