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SÁBADOS MUNDIALES ↪️ Un baño de humildad

13 de junio de 2026 Lectura: 5 min 13 visitas

📣🐔📖 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ 13/06/2026

SERIE: SÁBADOS MUNDIALES ⚽

TÍTULO: Un baño de humildad


Queridos amigos de El Canto del Gallo: al momento de terminar de redactar y grabar este audio para todos ustedes, la selección argentina acaba de ganar a los penales a la selección de los Países Bajos, pasando por fin a la semifinal del mundial en Qatar. Estimados, ¡qué manera de sufrir! Para quienes vivimos el fútbol como una pasión —digo pasión y no como un ídolo—, el sufrimiento no se puede describir. Yo me pregunto: ¿van a ser así todos los partidos? A su vez, al mediodía, la selección brasileña —un país cuyo fútbol admiro y aprecio— quedó fuera de este mundial. ¿Cuántas emociones? Pero hoy no hablaremos de esto, aunque sí estará referido al fútbol y al mundial. Hemos titulado la reflexión de hoy: «Un baño de humildad».


De un perfil de Instagram que se llama Fe y Play, encontré un reportaje que el relator y periodista deportivo de la cadena ESPN, Sebastián «Pollo» Viñolo, le hizo a Lionel Messi. Y le hacía estas preguntas, tratando de describirlo. Sebastián le pregunta: «¿Cómo hacés para llevarla tan cortita la pelota? ¿Cómo hacés? A veces es imposible, la tenés despegada. ¿Se aprende eso?». «No, de ninguna clase», Messi se ríe. Messi luego dice: «¿Viste? Cuando miramos los videos de chiquito, yo ya era así de chiquito. La verdad que yo no hice nada, fue Dios quien me hizo jugar así». Viñolo le dice: «¿Vos decís que fue Dios que te dio ese don?». Messi le responde: «Dios me dio ese don, obviamente. No tengo duda de eso. Él me dirigió a mí y, obviamente, yo hice todo lo posible para intentar superarme y de lograr poder triunfar, pero obviamente sin la ayuda de Él no hubiese llegado a ningún lado».


¿Escuchó lo que yo escuché? La frase es como esta: «La verdad que yo no hice nada, fue Dios quien me hizo jugar así», o «Dios me dio ese don, obviamente. No tengo duda de eso», o esta frase: «pero obviamente sin la ayuda de Él no hubiese llegado a ningún lado». Qué tremendo testimonio, qué humildad en un tipo que hace 20 años es el futbolista más famoso del mundo, amado y admirado por casi todo el planeta. Este hombre dice que no se trata de él, que se trata de Dios. ¿Usted escuchó eso a menudo en los grandes predicadores famosos que tienen millones de reproducciones en YouTube o los que dicen tener éxito por tener congregaciones multitudinarias?


Pero esto no termina aquí. Escuche este otro reportaje del mismo perfil de Instagram, repito, llamado Fe y Play. El periodista se ve que viene hablando con Messi acerca de las promesas que se hacen antes de los partidos y le pregunta a Messi: «¿Tenés alguna promesa, algún pelo teñido antes del partido?». Messi responde: «No, no soy de hacer promesas ni he hecho promesas. Simplemente pienso que Dios es el que decide, Dios sabe cuándo es el momento o cuál es el momento y cuándo tiene que pasar, y siempre soy un agradecido de todo lo que me pasó, tanto en lo futbolístico como en mi vida; y lo que tenga que venir, va a venir, y creo que Él es el que decide y simplemente pienso en eso. No, no soy de hacer promesas».


¿Ustedes escucharon? Ni el calvinista más acérrimo haría una apología tan clara de lo que en teología llamamos la soberanía de Dios, como lo hace a su manera este hombre. «Simplemente pienso que Dios es el que decide, Dios sabe cuándo es el momento o cuál es el momento y cuándo tiene que pasar y siempre soy un agradecido de todo lo que me pasó tanto en lo futbolístico como en mi vida y lo que tenga que venir va a venir y creo que Él es el que decide y simplemente pienso en eso». No sé en qué cree el señor Lionel Messi, cómo está compuesta su fe en Dios, pero sin duda estas palabras son muy reveladoras e ilustran una gran humildad y cómo él se ubica ante la soberanía de Dios.

Ahora, por otra parte, volviendo a las noticias de actualidad deportivas, según un portal, Infobae nos dice que en la selección portuguesa hubo o hay un cierto conflicto con el famoso jugador Cristiano Ronaldo, ya que su bajo rendimiento llevó a su amigo y entrenador Fernando Santos a ponerlo en el banco de suplentes y a que entrene con los suplentes, cosa que parece no gustó a Cristiano. En contra de lo que afirmó la página oficial web de la Federación Portuguesa de Fútbol, las malas lenguas dicen que Ronaldo amenazó con irse de la selección, aunque después reflexionó y se quedó. Por si fuera poco, quien lo suplantó a Ronaldo, el delantero Gonçalo Ramos [el texto original dice Andrés Silva], hizo un papel sobresaliente ante Suiza haciendo tres goles, lo que le permitió a Portugal pasar a cuartos de final con una goleada de 6 a 1. Por último, son bien conocidas las declaraciones del delantero de la selección francesa, Kylian Mbappé, quien declaró días pasados a la prensa: «Este mundial es mi obsesión».


Egos, fama, poder, deseos por sobresalir y destacarse de los demás, obsesión por el éxito, no querer perder ni siquiera las figuritas... en fin, cosas que solo suceden con las personas del mundo, ¿no? Esto no sucede en la iglesia entre nosotros, ¿no es así? Permítanme usar, hermanos, esto como una ilustración acerca de la necesidad de humildad que muchas veces los creyentes necesitamos dentro de nuestras iglesias. Ante la lucha muchas veces solapada, desesperada, sutil, invisible de egos, actitudes soberbias, despectivas y altaneras que suele suceder dentro y fuera del liderazgo en nuestras amadas congregaciones. El apóstol Pablo describe a una iglesia que, podríamos decir, por un lado era exitosa, llena de dones y logros, pero por otro lado conflictiva y soberbia, recordándoles quiénes éramos realmente los creyentes.


Acompáñenme a Primera de Corintios capítulo 4, verso 7. Se lo leo de la versión PDT (Palabra de Dios para Todos), que dice así: «¿Quién ha dicho que tú eres mejor que los demás? Todo lo que tienes Dios te lo ha dado. Entonces, ¿por qué presumes como si lo hubieras conseguido tú mismo?». Pero la Traducción en Lenguaje Actual dice esto, tomándolo ya desde el versículo 6: «He hablado de Apolo y de mí mismo, para que aprendan de nuestro ejemplo lo que significa el dicho: “No hay que hacer ni decir más de lo que dice la Biblia”. Así que no anden presumiendo de que un servidor de Dios es mejor que otro. Repito, no anden presumiendo de que un servidor de Dios es mejor que otro. No hay nada que los haga a ustedes más importantes que otros. Todo lo que tienen lo han recibido de Dios, y si todo se lo deben a Él, ¿por qué presumen como si ustedes solos lo hubieran conseguido?». 


Esto no es más que la continuación de ese pensamiento que Pablo declara al comienzo del capítulo 4, en el verso 1 y 2, que leo de la versión Reina-Valera 1960. Dice Pablo: «Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel». Es sabido por todos que la palabra que el apóstol usa aquí en el griego por «servidores de Cristo» no es doulos u esclavo, ni tampoco una palabra como la que se usa allí para hacer referencia a los diáconos, sino el término hypéretas, que literalmente significa “remeros de abajo”. Se refería a aquellos esclavos que eran remeros en las galeras, que remaban bajo el puente de un barco. Eran los esclavos más despreciados y de los de más baja condición en el mundo romano.


En ese trasfondo, el término llegó a referirse a los subordinados de toda clase, a los que estaban bajo la autoridad de otros. A ese término se refiere Pablo cuando se menciona a sí mismo: «Téngannos los hombres por esta clase de servidores». Pero los corintios se habían vuelto orgullosos y jactanciosos porque ellos decían allí, en Primera de Corintios 1:12 y luego 3:4: «Yo soy de Pablo, yo de Apolos y yo de Cefas». Ellos estaban orgullosos de su sabiduría humana y también de sus dirigentes humanos. Y fue este orgullo mundano, carnal, lo que causó las serias divisiones que llenaron a la iglesia. Los líderes eran unos siervos del Señor piadosos y humildes, y los corintios tenían muchas razones para sentirse agradecidos porque Dios les había enviado a esos hombres; pero en vez de sentirse agradecidos, se sintieron orgullosos.


Mis hermanos, el orgullo es una actitud engañosa porque todo lo que una persona tenga proviene de la mano providencial de Dios. El gran rey David decía ante una enorme congregación que se había reunido con motivo de la preparación de aquellos materiales para la construcción del templo —que luego llevaría a cabo su hijo Salomón— estas sublimes palabras: «Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está el hacer grande y el dar poder a todos. Ahora pues, Dios nuestro, nosotros alabamos y loamos tu glorioso nombre. Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos» (1 Crónicas 29:11-14). 


Mi querido oyente, mi querido joven pastor, líder o anciano de una noble congregación; mi querido hermano: no te creas más de lo que eres. No menosprecies a tu hermano por la posición de tu liderazgo en que te han puesto. No te abuses de tu posición. No menosprecies la opinión o la palabra de tu hermano porque es humilde, o pobre, o de pocos estudios. No te conviertas en un capataz de estancia, en un gerente de empresa, en un mandamás, o en un político, o en un manipulador actuando impunemente, creyendo que no le debes rendir cuentas a nadie porque ahora te llaman anciano o predicador.


No creas que eres el único o el mejor porque eres fuerte, joven, elocuente, divertido, o porque te llamaron para cuatro conferencias seguidas. No te lo creas. No pienses que porque estudiaste en un instituto y leíste tres libros de teología lo sabes todo. No te jactes desde el púlpito ajeno mencionando la cantidad de cientos de miembros de tu congregación. Eso... eso huele a vanidad. Porque como dijo Pablo: «¿Quién ha dicho que tú eres mejor que los demás? Todo lo que tienes Dios te lo ha dado. Entonces, ¿por qué presumes como si lo hubieras conseguido tú mismo?».


Y tú, mi querido consiervo, que como yo ya estamos viejos y peinamos canas —o casi nada de ellas—, no creamos que somos imprescindibles, que sin nosotros la obra no camina, que los jóvenes no saben nada y nosotros sí. No tengamos envidia de los más jóvenes, de los más carismáticos y capaces que nosotros. Démosles también a ellos su lugar de servicio y liderazgo conforme a sus dones. Porque como dijo Pablo: «¿Quién ha dicho que tú eres mejor que los demás?».


Al terminar de escribir estas líneas, en medio de una noche tormentosa me acabo de enterar que el señor Van Gaal, entrenador de la selección holandesa, decidió renunciar a su cargo. ¡Qué lástima! Sus palabras soberbias y despectivas hacia los jugadores argentinos tal vez lo llevaron a su propia ruina. Bien dice el viejo proverbio: «Tras el orgullo viene el fracaso; tras la altanería, la caída». Que no nos pase, hermanos, también a nosotros lo mismo. Aunque no parezca, muchas veces la Iglesia es un fiel reflejo de nuestra sociedad, y no precisamente en las cosas buenas. Es lamentable, pero es así. Es por eso que todos necesitamos, de vez en cuando, un baño de humildad.


Daniel Lissa – ICE VILLA FOX – ZARATE BUENOS AIRES

Malaki
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