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Mesa de la Presencia

12 de febrero de 2026 Lectura: 5 min 35 visitas

📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ Jueves, 12/2/2026

SERIE: 🍽️ Sentados a la mesa

Ep#4 - Mesa de la Presencia


📖 Lectura: Éxodo 25:23-30


☀️ Hoy nos vamos al desierto. El sol derrite todo lo que toca. Nadie se atreve a habitarlo: es difícil conseguir agua y comida. Pero en el corazón del mismo, encontramos a millones de personas, acampando juntas. Son los israelitas que han salido de la esclavitud en Egipto. Ellos llevan sus pertenencias a través del duro desierto y acampan en carpas divididos por familias. Un día, Dios le dice a Moisés: ustedes viven en carpas, háganme una a mí, para vivir en medio de ustedes. 

Moisés pasa 40 días recibiendo instrucciones de cómo sería esa tienda: un tabernáculo, un lugar de reunión con Dios. Un lugar santo, apartado del pecado. Un lugar para buscar el rostro, la guía la provisión y el perdón de Dios. En la Biblia, 50 capítulos están destinados a hablar de esta construcción. Y puedes leer acerca del resto de sus muebles. Pero esta semana nos detendremos en uno en especial: la mesa de los panes de la presencia.  Al entrar a la carpa misma, una tela impresionante -llamada velo- divide el lugar santo, del lugar santísimo. Esta mesa se ubica en la primera parte. Es una mesa hecha de madera de acacia (la más resistente de la zona) y está cubierta de oro. Tiene un borde, una cornisa que no deja que nada se caiga. Y, sobre ella, todos los sábados los sacerdotes tienen que poner 12 panes recién horneados. Los mismos, estaban hechos de la harina más pura y representarían a las 12 tribus de Israel. El ritual era maravilloso: los sacerdotes entraban a la carpa, ponían los doce panes, los rociaban con incienso y los dejaban allí una semana entera, delante del rostro de Dios. Por eso, se llaman panes de la presencia. Al llegar el próximo día de descanso, ellos cambiaban los panes por 12 panes nuevos y comían delante del Señor, los panes que retiraban. 


⛺ Preciosa imagen de una mesa en la que nos sentamos con Dios mismo. ¿Sabías que todo en esta carpa apunta a Cristo? La mesa lo representa a él. ¡Ah que hermoso es recordarlo! Que, para poder estar en SU presencia, él tuvo que llevarnos y presentarnos delante del Padre. ¡Oh no era gratis! así que Jesús pagó el precio. Cada día nos da la oportunidad de estar en esta mesa y de que su rostro nos mire. Completamente inmerecido. Absolutamente maravilloso. ¿Te detienes cada día en esta mesa a buscar su rostro para salir saciado?


La mesa es Jesús. Él se hizo humano: representado en la madera de acacia; pero sigue siendo Dios: representado en el oro que la recubre. Tiene un borde que no deja que nada se caiga, así, como él nos sostiene en las dificultades y nos tiene con firmeza en sus manos para que nadie se caiga. ¿Sientes que todo a tu alrededor se derrumba? Disfruta del sostén que encuentras en su mesa. En Juan 10:28 encontramos esta fascinante verdad “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”.


🥖 El pan de la mesa es Jesús, perfecto, sin pecado, de la más pura harina. Los panes estaban hechos de una doble porción de harina, como lo que se comía en el día de descanso. Él es nuestra porción perfecta de descanso. ¿Te sientes abrumado o sin encontrar reposo? Siéntate a su mesa. Regocíjate en su abundante provisión. Encuentra paz en sus propósitos eternos.  


Huele el pan recién horneado de la comunión. Cada uno representaba a una tribu. Al sentarnos con él, y al ver el perdón que hemos recibido, no nos queda más que mirar a otros con la misma misericordia. Todos hemos sido traídos a esta mesa inmerecida de gracia y oportunidades. Todos hemos sido puestos delante del rostro del Padre a pesar de los pecados que nos tenían presos. ¿Sientes que hay alguien que no merece estar sentado en la misma mesa? ¡Oh que el Señor quebrante nuestros duros y orgullosos corazones! Que cada vez, que partamos en la cena el pan del nuevo pacto, recordemos estas verdades. Y que cada día de nuestra vida nos detengamos en esta mesa a buscar su rostro para salir saciados, encomendados, perdonados y en perfecta paz. 


Rocio Delgado


Malaki
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