📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ 14/2/2026
SERIE: SÁBADOS DE CAMBIO ↩️🐓
Título: La sangre 🩸
Muy buenos días, amigos de "Sábados de Cambio". Desde Rosario les mando un saludo muy grande y quisiera compartir una breve reflexión con cada uno de ustedes. Hace unas semanas atrás, mientras esperaba que me llamara la bioquímica para extraerme sangre (tenía un turno para un análisis), mi mente recordó el título de una nota online que decía: "No hay nada que sustituya a la sangre y la única fuente es el donante".
En esta oportunidad quisiera usar esta frase y dividirla en dos; será sencillo ya que en sí son dos frases unidas por una "Y". La primera es: No hay nada que sustituya a la sangre. Por consiguiente, la segunda es: La única fuente es el donante. Si vamos al terreno espiritual, en la Biblia encontramos que la sangre es un elemento que no tiene reemplazo.
Te invito a leer en el libro de Génesis, capítulo 3 —capítulo triste si los hay—. Encontramos al hombre antes y después del pecado, la caída, y vemos cómo el ser humano, ya desde los comienzos, intenta cubrir, tapar o disimular su error. Sin embargo, tiene que intervenir Dios ante la torpeza humana. Leemos en el versículo 7: "Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales". Hasta ese momento estuvieron desnudos y no pasaba nada; no había vergüenza, ni pudor y menos miedo. El versículo 10 indica que ellos tuvieron miedo al escuchar la voz de Dios. Ante semejante desatino, no solamente el hombre peca, también intenta remediarlo tapándose con hojas de higuera.
Dice el versículo 21: "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió". Tremenda imagen: por lo menos un animal es muerto, su sangre derramada y con su piel se cubre la desnudez del hombre y de la mujer. No hace falta que figure escrita la palabra "sangre" para darnos cuenta de que no podía haber otro elemento; fue necesario que sangre sea derramada en favor de la humanidad (en este caso, de Adán y Eva).
Seguimos avanzando en el Antiguo Testamento y, ya en el libro de Éxodo, vemos al pueblo de Israel oprimido y esclavizado en Egipto. Al leer Éxodo 12:40 vemos que el tiempo que habitaron allí fue de cuatrocientos treinta años. En el primer libro (Génesis) leemos que setenta personas entraron a Egipto; ahí se narra el ingreso, y en Éxodo está la salida de un pueblo muy numeroso, cerca de dos millones de personas. Pero antes de salir, Dios establece una fiesta que debía ser celebrada en la misma fecha todos los años: La Pascua.
En el relato bíblico se detalla con precisión qué debía hacer cada familia israelita. Entre esas cosas era separar y elegir un cordero; ese animalito debía morir e iba a ser comido la noche previa a la partida. Y leemos en el versículo 22: "Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre... y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana". Nuevamente la sangre aparece en el texto bíblico; esta vez tenían que pintar el dintel y los postes como señal para que el ángel pasara de largo. Los que estaban en esa casa de nada tenían que temer, la muerte no los iba a alcanzar: estaban bajo la cobertura de la sangre.
Así como estos pasajes, podríamos mencionar tantos otros. Dios no requirió nunca de otro elemento que no sea la sangre. Como afirma el escritor de Hebreos 9:22: "Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión". ¿Te das cuenta? No solo tenía efecto en el Antiguo Testamento, también es aplicable para el Nuevo Testamento. Claro, esto de derramar sangre de animales hacía que este acto se repitiera permanentemente, hasta que llegó Cristo.
Leemos en Hebreos 9:24-26: "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano... sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces... de otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado". Si prestamos atención, Cristo es el sacerdote, pero también el cordero. Ya no es necesario que se derrame más sangre; ya lo hizo Él, una vez y para siempre. El efecto: sacar de la ecuación al pecado. En un solo acto, no hace falta agregarle más nada.
Es acá donde aparece la segunda parte de la frase: La única fuente es el donante. En la nota decía que probablemente con una donación de sangre se podrían salvar tres personas. Pensá por un momento: si nuestra salvación dependiera de donantes humanos o de repetidos sacrificios, estaríamos perdidos. No hay chances de que pudiéramos ser salvos en base a la sangre de algún animal o un ser humano común. En Jesús encontramos al Donante Universal. Su sangre es compatible para cualquier humano. Él vino a ser como el cordero lo fue para cada familia israelita; ellos no murieron, el cordero sí, y su sangre era la señal para que la muerte no los alcanzara.
Dijo Juan el Bautista apuntando a Jesús: "He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29). Es que Jesús pudo haber ofrecido su vida en rescate por la nuestra de distintas maneras, hasta menos violentas. Pero Él quiso que fuera en el madero, con su cabeza ensangrentada por la corona de espinas, sus manos y pies clavados a la cruz, su costado traspasado, habiendo sudado antes grandes gotas de sangre. Nuevamente suena el título de la nota: La única fuente es el donante. No hay otra manera; sin la sangre de Cristo estamos condenados a una eterna perdición.
Viene a mi mente una vieja canción que figuraba al final de los himnarios (esto delata mi edad): "Hay perdón por la sangre de Jesús, hay perdón por su muerte en la cruz. Proclamad que hay perdón, para todos hay perdón, los que acuden al Señor Jesús". Dos grandes verdades para cerrar esta reflexión: solo hay perdón en la sangre de Jesús (no hay otra forma) y la otra es que para todos hay perdón. Yo debo proclamar y anunciar que en Jesús y su sangre hay redención. También para aquellos que ya lo recibimos, nos dice Juan: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad".
Dios quiera, estimados, que todos aquellos que han de leer o escuchar este artículo puedan haber recibido el perdón que solo Jesús puede y quiere ofrecer. Acércate a Jesús y pedile perdón por tus pecados. ¡Dios te bendiga!
Gustavo Santo