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Los hijos de Jacob

27 de abril de 2026 Lectura: 5 min 34 visitas

🔊📖🐔 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ Lunes, 27/4/2026

Serie: LA FE QUE DEJA MARCAS 👣

EP#4– Los hijos de Jacob


Hola, buenos días. Estamos siguiendo un estudio acerca de la fe de aquellos que marcan y marcaron la historia y marcan nuestra vida también en la Biblia. Esta mañana quisiera compartir acerca de los hijos de Jacob, toda aquella descendencia a los cuales les fue prometida la tierra justamente que Dios había prometido a Abraham, Isaac y Jacob. Y la verdad es tremendo cuando leemos allí en Jueces capítulo 1, 2 y 3. Cuando muere Josué, dice que todo el pueblo de Israel, los descendientes de las tribus, empiezan a tomar posesión cada una de aquellas tierras que había dividido Josué. Pero tenían una gran responsabilidad cada uno de ellos.


Cada uno de los hijos de Jacob, tenían que no solamente tomar la tierra, sino destruir a todos los enemigos que estaban allí en la tierra, en Canaán. Y dice la Palabra de Dios allí en el capítulo 2, verso 1 de Jueces: “Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros, con tal que vosotros no hagáis pacto con los moradores de esta tierra, cuyos altares habéis de derribar. Mas vosotros no habéis atendido a mi voz. ¿Por qué habéis hecho esto? Por tanto, yo también digo: No los echaré de delante de vosotros, sino serán azotes para vuestros costados, y sus dioses os serán tropezadero.”


Acá Dios estaba hablando a esta gente, a estos hombres que tenían que haber derribado y haber destruido todo a su paso. ¿Por qué? Porque la tierra prometida era para el pueblo de Israel. Sin embargo, estos hombres, en lugar de tomar la decisión de quitar de en medio de ellos al cananeo, al ferezeo, a los diferentes pueblos que había, simplemente tomaron decisiones equivocadas. Por un lado, los hicieron tributarios diciendo: “No, ahora páganos algo.”


Allí en el capítulo 1, verso 35, dice que el amorreo persistió en habitar en el monte de Eres, en Ajalón, en Savarín. Pero cuando la casa de José cobró fuerzas, lo hizo tributario. Una de las cosas características de este tiempo es que ellos, en lugar de destruirlo, le dijeron: “Bueno, páganos a nosotros un arrendamiento, un tributo, y nosotros te vamos a dejar con vida.” Tremenda decisión equivocada que tomaron estos hombres, porque todo esto llevó a que el pueblo de Israel empezara a alejarse de Dios.


Cuando pensamos en esto, hermanos, toda esta historia de la época de los jueces, capítulos 1, 2 y 3, nos damos cuenta cómo el fracaso del pueblo de Israel fue en primer lugar en desobedecer a Dios. En segundo lugar, el problema de ellos fue que se hicieron fuertes y creyeron que ya podían enfrentarse con todos los enemigos sin problema. En tercer lugar, creyeron que podían jugar o estar en medio del pueblo enemigo sin que les pase nada. Pero lastimosamente todo esto fue un error tremendo.


El pueblo de Israel hizo algo más. Capítulo 3, versos 5 y 6: _“Así los hijos de Israel habitaban entre los cananeos, los heteos, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos, y tomaron de sus hijas por mujeres, y dieron sus hijas a los hijos de ellos, y sirvieron a sus dioses.” _ Hubo una confusión. Ellos tuvieron que empezar a emprender una relación carnal con los pueblos, al punto que era muy difícil ya hacer una división entre una y otra cosa.


Así también pasa a veces, hermanos, en nuestra vida. Hemos creído en Cristo Jesús como nuestro Salvador, hemos aceptado a Cristo en nuestra vida, sabemos que tenemos una vida nueva, sabemos que hemos sido perdonados. Hay muchas cosas en nuestra vida que todavía hay que sacarlas porque no nos sirven, porque no nos ayudan a tener una vida en santidad, pero no lo queremos dejar, no lo queremos sacar de nuestra vida. La Palabra de Dios nos enseña también que nosotros somos una nueva criatura en Cristo Jesús, somos una nueva persona, por lo tanto, tenemos una nueva relación con el Señor, Rey de reyes y Señor de señores.


Es nuestro Padre celestial, somos sus hijos, y nuestra vida tiene que ser totalmente diferente. Pero como hizo el pueblo de Israel, muchas veces queremos permanecer en esa misma situación, haciendo concesiones, permitiéndonos ciertas cosas y no tomando la decisión de sacar de nuestras vidas aquellas cosas que no nos edifican. Estos hombres nos dejan un ejemplo en el día de hoy: ellos prefirieron hacerse fuertes, creyeron en sus capacidades, dejaron la Palabra de Dios, dejaron la orden de Dios e hicieron convenios, hicieron uniones carnales con esos pueblos, a tal punto que fue el desastre para este pueblo.


Hermanos, que nuestra vida realmente busque siempre obedecer a Dios. Y si hemos recibido a Cristo en nuestra vida y hay muchas cosas en nosotros que todavía tenemos que sacar —por ejemplo, la mentira, el egoísmo, el engaño— hay tantas cosas seguramente que están allí en nuestro corazón que no estamos dispuestos a sacar. Los vicios, los vicios que hay en nuestra vida. Hay creyentes que piensan que como son hijos de Dios pueden seguir fumando, pueden seguir tomando decisiones equivocadas con vicios en su vida sin hacer un cambio profundo en su vida.


Hoy esta mañana leía un mensaje que decía: “El arrepentimiento no es llanto, el arrepentimiento es cambio, cambio de vida.” Y esa debe ser nuestra meta como hijos de Dios: cambiar nuestra vida, sacar aquellas cosas que no están buenas, porque realmente somos una nueva criatura y tenemos que cambiar nuestra forma de vivir.


Que Dios te bendiga.


🖋️ Miguel Cabrera

Malaki
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