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Debajo de un árbol de frutos

13 de mayo de 2026 Lectura: 5 min 13 visitas

🔊📖🐔 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ Miércoles, 13/5/2026

Serie: Bajo los arboles 🌳

EP#1: Debajo de un árbol de frutos

📖 Lectura: Salmo 1


¿Sabías que existe un fenómeno en la naturaleza que se llama “timidez de copas”? Es un fenómeno que ocurre en los bosques alrededor de todo el mundo. Los árboles que están a la misma altura NO SE TOCAN ENTRE SI. Sus copas se mantienen lo suficientemente alejadas unas de otras, para permitir que la luz solar pase entre ellas y llegue a las copas de los árboles que están más abajo. Estas grietas o ríos de luz permiten que las plantas más pequeñas, también sobrevivan. Los árboles están conectados entre sí, por una red infinita de micelios: hilos microscópicos de hongos que se encuentran en el suelo. Cuando un árbol no puede hacer la fotosíntesis y está con “hambre” los otros árboles le envían alimento a través de esta red. Y, si una plaga está invadiendo el bosque, los árboles afectados, envían señales químicas de “estrés” a través de esta red, para que los otros, preparen defensas.


Qué increíble que es la creación de nuestro gran Dios. ¿No te parece asombroso que siempre estamos descubriendo nuevas facetas de su amor y cuidado? Esta semana pasaremos por debajo de algunos árboles de la Biblia. Nos sentaremos a su sombra, aprenderemos de ellos, y veremos a algunos personajes que también estuvieron allí, y salieron transformados.   


Hoy te invito a sentarte bajo uno muy conocido: el árbol plantado junto a corrientes de agua que menciona el Salmo 1. Este árbol no es silvestre, ha sido plantado allí. Fue intencional el lugar elegido. Me encanta esta analogía. Mientras más cerca estamos de la presencia del Señor más firmes están nuestras raíces y más seguros nos sentimos. Mejores alimentados andamos y ya no nos conformamos con las migajas de este mundo. Mejor se ve nuestro follaje y más atraemos a otros a Cristo. Más claro vemos el propósito de nuestras vidas y más vivimos para honrarlo. La copa de este árbol no choca con las otras, es más, está dispuesto a ceder espacio para que otros crezcan. Deja que la luz de Cristo lo alumbre y lo atraviese, para que todos los que están “por debajo” también puedan crecer y bendecir. Las raíces de este árbol están bien arraigadas y cimentadas, llegan hasta la roca que es Cristo. 


Este árbol da su fruto a tiempo. En el momento justo, cuando es necesario. ¿Sabes quienes se benefician? Todos los que están a su sombra. Los que pasan por debajo del árbol. Cualquiera que se le acerque. Este es un buen parámetro para hacer un diagnóstico de nuestras vidas: ¿Estoy dando fruto que bendiga a quienes me rodean? ¿Son mis hijos, mi cónyuge, mis compañeros de trabajo bendecidos con el fruto apacible de amor genuino? ¿Estoy desbordando de gozo que no depende de mis circunstancias? ¿Tengo paz, me siento completo, vivo de acuerdo a mi propósito? ¿Soy paciente en mis reacciones? Quienes vienen a mi sombra, ¿Pueden tomar del fruto de la benignidad y recibir amablemente lo que sea que necesitan ¿Tengo disposición del corazón para tratar con amabilidad, gentileza y dulzura a quienes se me acercan? ¿Escuchan quienes están a mi sombra palabras de fe, de aliento, palabras de vida? Quienes están debajo del árbol plantado junto a corrientes de agua reciben toda su bendición. Si tu respuesta es si, sigue alimentándote de estas corrientes mi querido hermano. 


Pero si te estás dando cuenta de que los que vienen a tu amparo no encuentran la bendición que podrías darles, es hora de revisar el porqué. Quizás, el problema, es que tu deleite no está en la ley del Señor. Quizás no meditas en ella a lo largo del día. La palabra que se usa para “meditar” es un término que refleja los suspiros y murmullos que los antiguos hacían cuando meditaban. La palabra significa “meditar, gemir,  llorar, rugir, pronunciar, hablar” Meditar no es leer. Es lo que pasa con lo que lees, cuando cierras el libro. Es la profundidad con la que dejas que esas palabras te impregnen el alma. Son las veces que la repites a lo largo del día. Son las charlas con el Señor que se abren a partir de ellas. Son las lágrimas que derramas, que vacían tu lamento y angustia y se transforman en un canto de adoración. Cuando meditamos en la palabra suspiramos su paz y le rugimos a cualquier otra palabra de temor que quiera amedrentarnos.  ¡Que hoy, y todos los días de nuestra vida podamos ser el árbol plantado junto a corrientes, que bendice a todos los que pasan cerca de él!


📲 FRASE DEL DIA: Mientras más cerca estamos de la presencia del Señor más firmes están nuestras raíces y más seguros nos sentimos. 


🖋️ Rocio Delgado

Malaki
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