📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ 16/5/2026
SERIE: SÁBADOS DE CAMBIO ↩️🐓
Título: El desierto como universidad
La universidad de la vida del rey David fue el desierto y el campo, junto a las ovejas de la familia. El currículum de este joven estaba plagado de experiencias vividas en las temperaturas extremas del desierto y no tanto en la teoría. Un pastor experimentado como David, que busca los mejores pastos para sus ovejas, conoce por el propio recorrido del territorio lugares de todo tipo hasta que encuentra su lugar de refugio preferido. Sabe que llevar sus ovejas a ese mejor lugar lleva tiempo y, a veces, hasta grandes distancias.
El tiempo que pasó David en el desierto le llevó a conocer un hermoso lugar llamado En-gadi. En 1 Samuel 23 y 24, se relata que el rey Saúl, ya mucho tiempo después, muy enojado, estaba determinado a perseguir y matar a David, emprendiendo la caza de este joven con 3.000 guerreros. Pero David no huye de ciudad en ciudad; David va directamente al desierto, una geografía muy conocida por él en los días de pastor adolescente, pero poco explorada por sus enemigos, los guerreros del rey Saúl.
Las palabras descritas en el Salmo 63 ilustran un poco sobre este suceso, y vamos a leer los versículos del 1 al 4, donde David hace la siguiente oración:
"Dios mío, tú eres mi Dios, yo te buscaré de madrugada; mi alma desfallece de sed por ti, mi ser entero te busca con ansias en terrenos secos e inhóspitos, sin agua, con deseo de ver tu poder y tu gloria, como los he mirado en el santuario. Tu misericordia es mejor que la vida, por eso mis labios te alaban; yo te bendeciré mientras tenga vida y en tu nombre levantaré mis manos."
El refugio en Engadi
David, junto a otros hombres, se sitúa para esconderse de la persecución en una cueva del desierto de En-gadi. En la Biblia se relata específicamente la descripción del lugar en 1 Samuel, capítulo 24, del 1 al 3; este pasaje describe al lugar como "las cumbres de los peñascos de las cabras monteses". El versículo 3 dice que había un redil de ovejas, es decir, era común que en ese bellísimo oasis del desierto los pastores llevaran a sus ovejas para pastar en los mejores pastos.
La palabra En-gadi significa en hebreo "manantial de la cabra". En-gadi es un lugar de refugio para David; el agua de ese hermoso oasis es muy dulce, rica y de manantial. Pero nos vamos a detener en el Salmo 63, versículo 1, sencillamente porque David conoce este hermoso lugar de refugio en las mejores etapas y también en los tiempos no tan buenos. Él dice lo siguiente: "Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela en tierra seca y árida donde no hay aguas".
Lo expresa de esta manera: "en tierra seca y árida donde no hay aguas". El lugar de refugio es recorrido por David no sólo cuando hay aguas, sino también cuando no las hay en las sequedades del verano. Es allí, en esos momentos, cuando David se encuentra con una historia que hoy verdaderamente nos hará reflexionar.
La lección del íbice
En ese oasis natural hay un hermoso animal del desierto que se llama íbice. Se trata de una cabra de montaña que en ese tiempo, a los machos, se les reconocía simplemente como ciervos. El íbice va todo el año a buscar refugio a En-gadi; este lugar es su hábitat natural. Como es un lugar de cascadas y de piletas naturales, es bellísimo mientras se puede disfrutar del manantial de las aguas. Estas aguas vienen del deshielo de las montañas, mezcladas con las aguas de lluvia y con otras fuentes, pero un buen día esas aguas se acaban.
El íbice va consumiendo para su sobrevivencia hasta las últimas gotas. Allí comienza a oler profundamente sobre las rocas y entiende que, debajo de ellas, en el subsuelo, sigue habiendo humedad. Hay aguas allí, pero él no puede llegar. El animal comienza a patear las piedras, busca las aguas que están debajo, huele el piso presionando su hocico sobre la piedra; busca absorber la humedad que su olfato le dice claramente en su mente que está debajo, pero él no puede llegar.
Los días corren y, en ese tiempo que pasa, él sigue firme en su lugar sin poder buscar agua en otros lugares, ya que no hay otros lugares sino recién a muchísimos kilómetros. Este pobre animal comienza a desnutrirse, adelgaza, se ven claramente sus costillas y los huesos comienzan a marcar su piel. Él sigue intentando con sus patas excavar inútilmente esas piedras, mientras con su hocico sigue olfateando fuertemente ese lugar, sabiendo que debajo aún corren las aguas.
La debilidad llega a tal punto que, en un momento, el animal cae de costado sin fuerzas; pero aun así, con las pocas fuerzas que le quedan, él sigue con sus patitas intentando excavar y con su hocico intentando aspirar la piedra. El verdadero dolor comienza cuando su hocico se empieza a lastimar y sus patas, al estar caído y de costado en el roce sobre las calientes rocas al sol, ya sin poder cobijarse en las cuevas, se ven sangrar. Y es en ese momento cuando, por el dolor, él comienza a bramar.
El clamor del alma
¿Le suena esta palabra? David es quien la describe en el Salmo 42.1 al 3, y dice lo siguiente:
"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed del Dios vivo; ¿cuándo vendré y me presentaré delante de Dios? Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras las personas me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?"
Así como el íbice brama por las corrientes de las aguas, así clama mi alma por ti, Dios. Mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Sabes qué? Así es el clamor de tu alma en este momento. Tu alma necesita las aguas profundas porque no hay otras aguas. Es probable que nunca te hayas dado cuenta de esto y estás buscando como el ciervo: insistes, te lastimas, te duele, tus heridas sangran y comienzas a bramar.
Los gritos de tu alma se hacen sentir en tus relaciones personales, en tu familia, con tus hijos, en tu trabajo, en todo lugar. Las personas a tu alrededor no logran comprender lo que sucede. Crees contenerlo con una sustancia, pero la sed en tu interior es cada vez mayor porque nunca nada en la vida te llenará.
La promesa del Agua de Vida
Cristo es el agua de vida que necesitas; Cristo saciará la sed de tu alma y tu espíritu. Estás escuchando este audio hoy porque tu alma grita en silencio, porque tiene sed del Dios vivo y verdadero. La sorpresa está en que el Señor Jesús abre sus brazos y te dice: "Vengan a mí", y de su interior, no de ningún otro lado, tu interior será tu En-gadi, tu interior será tu oasis. La promesa del Señor es: "de tu interior correrán ríos de agua viva".
Hoy es el día en que tu clamor más profundo tiene fin. Hoy es el día en que vienes corriendo a Cristo, quien saciará cada pedacito de tu alma. Es tiempo de arrepentirte de tus pecados, es tiempo de creer y de clamar como ese ciervo:
"Señor Jesús, te necesito hoy en mi vida. Creo que eres mi Salvador. Me arrepiento de todos mis pecados desde lo más profundo de mi alma rota. Señor Jesús, sálvame hoy, ven a mi vida".
Estebán Martinez