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Sábados de Cambio - Una cita de honor

23 de mayo de 2026 Lectura: 5 min 24 visitas

📖🐔🔊 EL CANTO DEL GALLO

🗓️ 23/5/2026

SERIE: SÁBADOS DE CAMBIO ↩️🐓 

Título: Una cita de honor


Consideramos brevemente uno de los acontecimientos trascendentes en la vida de uno de los hombres más destacados del Nuevo Testamento. Hablamos del apóstol Pedro. Vamos a Marcos 14.26-31. Tenemos allí el registro de ese momento donde el Señor anuncia la negación de Pedro. Es un momento y es un contexto donde hay comunión: participaron del pan, de la copa y dieron gracias. Saliendo de allí, de ese lugar, cantaron el himno. Salieron al monte de los Olivos luego de cantar el himno.


En el verso 27, el Señor cita y hace mención de esa profecía de Zacarías, y les menciona esto de que le iban a dejar, que todos se iban a escandalizar. En el verso 29, ahí tenemos a Pedro haciendo esa comparativa interna, respondiendo al Señor y diciendo: “aunque todos se escandalicen, yo no”. Es decir, lo podían dejar los demás, pero él no. Y allí hay una actitud de superioridad, de autosuficiencia, quizá falta de humildad o incluso de incredulidad. Él había reconocido en otro momento que el Señor es Dios, y la Escritura dice que Dios no es hombre para que mienta. Así que Pedro estaba contradiciendo lisa y llanamente al Señor.


De hecho, el Señor le habla directamente, de manera singular, trayendo más luz a Pedro. En el verso 30 le dice: _ “De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces”._ Y sin embargo, a pesar del detalle de las circunstancias, del tiempo y de todo lo que el Señor le muestra, Pedro responde —y dice la Escritura— con mayor insistencia. Él insistentemente le decía con vehemencia: “Si me fuera necesario morir contigo, no te negaré”.


Bueno, todos sabemos cuál fue el resultado. Más adelante, Pedro no pudo velar una hora en oración en el momento que el Señor más lo necesitaba. Esto lo conocemos bien, pero lo que quisiéramos destacar no es simplemente la fragilidad, la vulnerabilidad de Pedro, la falta de su conocimiento propio y estas actitudes que hemos mencionado (que también nos identifican a nosotros), sino resaltar y ver la grandeza del Señor. Porque tenemos ese verso 28 donde el Señor deja ver su grandeza, su amor y su compasión. Él, a pesar de saber la fragilidad humana, el fracaso de nuestra lealtad —es decir, de los discípulos—, su debilidad, falta de valor o de estabilidad, no muestra reproches, no hay censura ni hay críticas, sino, por el contrario, una cita de honor.


Ese versículo 28 de Marcos 14 dice: “Pero...”, y contrasta esa realidad del abandono de los discípulos, se iban a separar, se iban a alejar: “...después que haya resucitado”, haciendo referencia a esta seguridad preciosa, de esta promesa de la resurrección, afirmándola el Señor acá nuevamente: “después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea”. Y ahí está esa cita de honor, ya no para mirar al pasado, sino para restaurarle, para perdonarle y para mirar hacia el futuro. Es decir, todo lo que el Señor tenía para él; esto es lo maravilloso: ese Dios de oportunidades que tenemos.


Qué maravilla, ¿no?, que tenemos un capítulo 21 de Juan, donde está ese relato precioso donde el Señor va a restaurar a Pedro después de este episodio tan claro en su vida. Pero hay algo —muchas cosas—, pero simplemente cabe detallar el registro de uno de los evangelistas en este momento de la negación. Lucas lo cita en su capítulo 22, dice allí que entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro. Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: “antes que el gallo cante, me negarás tres veces”. Y allí, en Lucas 22:62, dice que Pedro salió fuera —y la idea es que salió rápidamente fuera— y lloró amargamente.


Lucas detalla esto de que el Señor miró a Pedro. Y esa fue una mirada penetrante, una mirada que lo trajo a la memoria de lo que el Señor le había anticipado. Y allí Pedro tuvo lágrimas de quebranto. La idea ahí es de algo punzante; con mucha tristeza es la idea, por eso dice amargamente. Así que esto es lo que Pedro experimentó: Pedro fue devastado ante ese reconocimiento de sí mismo, de haber fallado al Señor, de haberle negado.


Ahora, ¿qué queda para nosotros? Seguramente, en alguna medida, todos también hemos negado, hemos fallado al Señor. Pero ¿cuántos de nosotros hemos tenido esa actitud de Pedro, esa realidad de Pedro de tener esa experiencia de ser devastado ante la mirada del Señor? Esa mirada escrutadora que lo sabe todo, que puede revelar nuestra autosuficiencia, nuestra arrogancia, nuestra terquedad, nuestra falta de humildad. Qué importante es que podamos experimentar esto que Pedro experimentó, ¿no? Esto del dolor por el pecado, el dolor por fallar al Señor, pero también esa restauración maravillosa donde el Señor nos muestra todo lo que tiene, sus planes para los suyos.


Que realmente podamos aprender de estas lecciones que lo elevaron a Pedro. Cada tropiezo y cada trato del Señor en su vida fue para elevarlo a nuevas alturas espirituales. Y Pedro nos iba a decir, ya avanzado y maduro en tantas de estas experiencias, nos iba a aconsejar a echar toda nuestra ansiedad sobre Él, sabiendo que Él tiene cuidado de vosotros. Justamente él, que experimentaba esta ansiedad, esta impulsividad quizá que nos caracteriza a muchos de nosotros; pero qué lindo el trato y el trabajo de Dios en ese proceso de formar a Cristo en los suyos.


Qué hermosa porción y qué lindo que en esta hora podamos identificar eso, ¿no? Que, como dice su palabra en el Salmo 34, los que miraron a Él fueron alumbrados y sus rostros no fueron avergonzados. Este es el caso de Pedro. Que sea también el nuestro. Que podamos mirar al Señor con los ojos de la fe, ese Dios de oportunidades, para no perder nosotros las oportunidades que Dios pone delante nuestro para avanzar hacia la madurez espiritual.


Antes de cerrar esta simple y sencilla meditación, ¿habrá alguien que esté andando lejos del Señor en sus fuerzas? ¿Alguien que aún no ha sido devastado y derribado ante su mirada escrutadora? ¿Alguien que no puede identificar su arrogancia, su terquedad, por falta de conocimiento de sí mismo? Pero también, quizá, pueda haber alguien que esté luchando para mantenerse sensible y quebrantado ante el Señor. Sea cual sea nuestro estado en esta hora, que la meditación en su palabra, la reflexión en ella, pueda acercarnos más al Señor. Que así sea.


Emilio Cardenas 


Malaki
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