🔊📖🐔 EL CANTO DEL GALLO
🗓️ Miércoles, 6/5/2026
Serie: Del Gozo al regocijo 😆🤩
EP#2 Metamorfosis
Filipenses 1:21
"Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia."
Hay un flagelo que azota nuestras iglesias: muchos “aceptan” a Jesús superficialmente, movidos por la emoción de la música, el tono sugestivo de la predicación o la falta de argumentos profundos para el arrepentimiento. Es como si el evangelio se tratara de una especie de vacuna que se inocula una vez y nos inmuniza contra el infierno. En los inicios de la iglesia, la respuesta era a través del bautismo, asumiendo la muerte a la antigua vida que el rito representa. Hoy vivimos otros tiempos, pero nuestro presente demanda un compromiso aún mayor que el que se expresa en una simple oración.
El texto de nuestro encabezado plantea una condición sine qua non: por supuesto que el morir es ganancia, pero la vida eterna no es algo que se empieza a disfrutar solo después de atravesar el umbral de la muerte. La vida eterna se disfruta en nuestro caminar diario; la muerte solo cambia el escenario de nuestra alma y nuestro espíritu. Es la meta de nuestro transitar, arribando al destino para seguir adorando a nuestro Señor y sirviendo en la resurrección. Esto es verdad: el morir es ganancia para el cristiano, pero solo si el vivir es Cristo.
Este aserto nos hace reconsiderar lo que entendemos por vida cristiana. En el mismo capítulo de Filipenses (v. 6), se afirma que Dios comenzó una obra en nosotros, dando vida a nuestro espíritu, el cual estaba muerto por nuestra naturaleza. Nuestro Señor afirmó de manera inequívoca que Él es la vida verdadera; no la vida bios (física), sino la vida zoe: sobrenatural y divina.
El Espíritu Santo, amalgamado con nuestro espíritu, empieza a vivir con la vida de lo alto, de la que Jesús le habló a Nicodemo en el evangelio de Juan, capítulo 3. Por lo tanto, “aceptar a Cristo” no es un fin en sí mismo, sino solo el primer escalón de un propósito: una metamorfosis (2 Corintios 3:18) que tiene como fin que pensemos, sintamos y vivamos como Él.
Este proceso abarca toda la vida y de nosotros depende la velocidad de esta maduración. Debemos ser barro dócil en Sus manos, dejándonos moldear por el Alfarero. Para esto fuimos predestinados: no meramente para la salvación, sino para que Cristo sea formado en nosotros, como dice Gálatas 4:19: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros".
En verdad, como dice Pablo: el morir es ganancia, pero solo si el vivir es Cristo. No puede ser de otra manera; no hay atajos ni hay trampas en el camino del Señor.
🖋️ Gustavo Sanchez